Entregan
al presidente Menem originales del poema "Martín Fierro",
que son los únicos que se conservan de la primera parte del
libro. Se trata de un borrador escrito en una libreta de pulpería.
Será exhibido en el Museo Histórico Nacional. Lo compró un
empresario que lo donó al estado.
Papeles con
una historia de 125 años
En
nombre de los argentinos, el presidente Carlos Menem recibió
ayer uno de los mayores tesoros de la cultura del país: una
pequeña y deteriorada libreta de pulpería, algunas de cuyas
hojas fueron comidas por los ratones. En esas páginas
amarillentas de papel de estraza, José Hernández escribió
algunos poemas de amor, y los siete cantos y medio que se
conservan de la primera parte del Martín Fierro.
"Con
el magro presupuesto del que dispongo, compraré una vitrina
blindada especial, para exhibirla en el hall de entrada",
anunció orgulloso a Clarín el doctor Juan José Cresto,
director del Museo Histórico Nacional. El historiador tendrá
así "su" premio, tras haber conseguido que una
empresa pagara los 120.000 pesos que pedía la familia Castello
por el manuscrito, y lo donara al Estado.
Esa
libreta de almacén de 10 x 15 centímetros es el único texto
detectado, de puño y letra de Hernández, de lo que se conoce
como “La ida”. Las tachaduras y correcciones no son tantas,
por lo que los expertos deducen que se trata de un segundo
borrador. El original, con las modificaciones finales que
aparecieron en la primera edición de 1872, jamás fue
encontrado. "El doctor Cresto nos puso en alerta para que
este manuscrito no se perdiera", recordó ayer la
secretaria de Cultura de la Nación, Beatriz Gutiérrez Walker,
en el acto donde se concretó la donación, en el Salón Blanco
de la casa de Gobierno.
La
humilde libreta estuvo a punto de ser vendida -por un precio muy
superior- a la Universidad de Texas en Austin que, en The Latin
American Collection, posee la serie más completa del mundo en
publicaciones del Martín Fierro. Finalmente, la productora
televisiva Programas Santa Clara, propietaria de Educable y TV
Quality, pagó el precio irreductible pedido por los hermanos
Castello, con el fin de donar el manuscrito al Estado. Ayer, su
presidente, Pedro Simoncini, recibió el aplauso más largo del
acto. La única condición que puso, fue poder disponer de él
para exhibiciones, programas culturales o conferencias.
"La
historia de la libreta se parece a la del propio
personaje", comentó Gutiérrez Walker. En el acto
-celebrado en presencia del escribano general de Gobierno,
Natalio Echegaray- no hubo tiempo para contarla. Pero tanto
Cresto como Ángel Núñez, erudito intermediario de la operación
de venta, disfrutan al relatar una historia que parece un juego
de espejos.
El
primer acto tuvo lugar a mediados de los años 30. "Mañana
vamos a ver el Martín Fierro", anunció en clase Amanda
Valfredi de Castello, maestra de tercer grado de la escuela
porteña “Obra de la Conservación de la Fe”, ya
desaparecida. Al día siguiente se le acercó el alumno Galotta:
"Tome, señorita, esto se lo manda mi abuela". La
abuela estaba convencida de que esa libreta era el original del
libro, ya que lo había recibido de manos del propio Hernández,
durante una visita que hizo a San Juan. La libreta quedó en el
armario del aula. Pocos días después, Galotta dejó de ir a
clase. A fin de año, cuando la directora pidió a las docentes
que desocuparan los armarios, Valfredi de Castello se llevó el
manuscrito a su casa.
Años
después, el azar calcó este episodio. "Mañana vamos a
hablar de poesía gauchesca", anunció en el Colegio
Nacional de Buenos Aires la profesora Ángela Blanco Amores de
Pagella. Al día siguiente, su alumno Castello le acercó la
libreta de pulpería: "Esto se lo manda mi mamá para que
lo mire". Especialista en literatura argentina, Pagella sabía
que los originales de la primera parte estaban perdidos, y tuvo
la esperanza de que fueran los que tenía en sus manos. Pidió
prestado el manuscrito, y durante varios años realizó estudios
grafológicos, scopométricos y estilísticos. El texto fue
analizado por varios peritos, incluida la calígrafa pública
nacional María Tarka de Zamponi. Se lo desmenuzó también
desde la crítica genética, que examina el proceso de creación
y corrección de los autores. Todos llegaron a la misma conclusión:
se trataba de un manuscrito de Hernández. Se cree que el
escritor y político pudo haberlo garabateado cuando estaba
escondido en el Hotel Argentino, frente a la Plaza de Mayo. Ya
se había alejado de las tropas de Urquiza y estaba entreverado
con los guerrilleros del entrerriano López Jordán, sindicado
como el inspirador del asesinato del ex Presidente.
Pasaron
125 años. Lo que quedó del manuscrito fue restaurado por dos
especialistas argentinas, con fondos de la Association Archives
de la Littérature Latino-américaine, organización no
gubernamental de la UNESCO.
En
una cajita, el director del Museo Histórico Nacional se lo llevó
ayer a su nueva casa. "Como anfitrión del museo que lo
recibe -le dijo la secretaria de Cultura-, le dedico estos
versos de la segunda parte del poema: “No se ha de llover el
rancho/ en donde este libro esté".
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